A mí me seguía gustando romper cristales y a ti… no te dejaba de hacer daño que lo hiciese.
Mis anclajes no pararon tus instintos, ni los tuyos mis quejidos, y dejo correr mis tuercas y que hormigas me retuerzan. Quiero que no dejes de estrujarme sin que yo te diga nada y que tus yemas sean legañas enganchadas a mis vértices.
- Por qué la amas? Es porque tiene éxito?
+ No, es porque no me necesita.